Mitos alrededor del vino que quizá no son ciertos
El mundo del vino está lleno de rituales, frases solemnes y creencias repetidas durante años; pero ¿cuántas son realmente ciertas? Nosotros llevamos tantos años entre viñedos que conocemos prácticamente todos los secretos... ¡y los mitos alrededor del vino! En varios artículos, os desglosaremos distintos mitos sobre nuestro querido mundo del vino. ¡A ver cuántos de estos teníais en la cabeza!
Mito 1: “El vino blanco es siempre más ligero que el tinto”
La idea de que el vino blanco es “más ligero” que el vino tinto está muy extendida... pero solo es cierta a medias.
De entrada, debemos aclarar qué entendemos por “ligero”. Mucha gente lo asocia a menor graduación alcohólica o a menos calorías, pero aquí viene el primer matiz: no hay una diferencia clara entre blancos y tintos. Tanto un vino blanco como uno tinto pueden tener graduaciones similares (entre 11% y 15%), y las calorías dependen sobre todo del alcohol y del azúcar residual, no tanto del color.
También, tradicionalmente, el vino blanco se ha maridado con platos más “ligeros”: ensaladas, verduras, pescado... y el vino tinto a menudo se ha relacionado con carnes más contundentes, guisos... También el alimento que lo acompaña probablemente ha tenido que ver con esta asociación que a menudo se hace.
Donde sí hay una diferencia más evidente es en la sensación en boca. Los vinos tintos suelen tener más cuerpo porque se elaboran con la piel de la uva, que aporta taninos y estructura. Esto hace que los percibamos como más intensos o “pesados”. En cambio, muchos vinos blancos son más frescos, con mayor acidez y sin taninos, lo que da una sensación más ligera y fácil de beber.
Pero eso no significa que todos los blancos sean ligeros ni todos los tintos sean intensos. Hay blancos con mucho cuerpo (como algunos criados en barrica) y tintos muy suaves y frescos. Hoy en día, ¡la línea es más fina!
En resumen: es un mito si hablamos de calorías o alcohol, pero tiene una base real si nos referimos a la percepción en boca. El color no determina la “ligereza”; lo que realmente importa es el estilo de vino y cómo está elaborado.